Durán Barba, Polarización y Moncloa

Macri entrega a su consultor electoral la definición del rumbo del gobierno.

Entre todas las excentricidades que la política Argentina ofrece, acaba de sumar una muy particular: La consolidación de un consultor electoral, como guía estratégica del Gobierno, con su ineludible impacto en los asuntos del país.

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El ecuatoriano Jaime Durán Barba encadenó esta semana una sucesión de entrevistas en los medios, en las que mezcló de manera desfachatada la promoción de su nuevo libro, con opiniones tajantes sobre lo que debería hacer o dejar de hacer su principal cliente, el presidente Macri.

Ganar elecciones es esencial para todo proyecto político democrático y en ese sentido no hay manera de subestimar el aporte de Durán Barba al macrismo. Lo notable es que en este caso, la definición de la estrategia electoral desborda ese ámbito y tiñe el rumbo del Gobierno.

Durán Barba ocupa el vació simbólico que dejan vacante los dirigentes más importantes de Cambiemos y ofrece un resultado poco feliz: El remanido personaje del consultor político cínico y transgresor, desbordado de referencias personales.

Se podrá argumentar que el problema no es que Durán Barba piense la política, sino que no hay nadie en Cambiemos que se atreva a elaborar y debatir un curso alternativo. El radicalismo, que se supone es un partido de valores, se maneja por momentos con un talante tan contenido, que queda a medio camino entre el pedido vergonzante de “mas lugares” y el acompañamiento timorato. Como si no encontrara la manera de hacer lo obvio con alguna dignidad: Plantear y debatir políticas.

Durán Barba ocupa el vació simbólico que dejan vacante los dirigentes más importantes de Cambiemos y ofrece un resultado poco feliz: El remanido personaje del consultor político cínico y transgresor, desbordado de referencias personales.

Es en ese vacío programático que Durán Barba avanza y se convierte en la voz más visible de la ideología del Gobierno, con un resultado poco feliz: Lo hace desde la construcción del remanido personaje del gurú cínico y transgresor, una suerte de Roger Stone del PRO. Es decir, lo que ofrece como idea de una gestión que proclama que vino a protagonizar un “cambio cultural”, apenas supera el nivel de la provocación previsible, desbordada de referencias personales. Se entiende: Durán Barba lo primero que vende es Durán Barba.

En un momento crítico del proyecto de Macri, cuando el cambio prometido no se tradujo en una mejora palpable en la vida de la gente, cuando las inconsistencias macroeconómicas todavía son inmensas, cuando el mundo se pregunta que significa que un año y medio después la líder opositora con más votos sea Cristina Kirchner, el gobierno deja que la voz dominante sea su consultor electoral. Una voz desafinada que proclama el cambio de “abajo para arriba”, al tiempo que describe con detalle como manipula electorados.

Y pasa lo obvio: Lo urgente -que es ganar las elecciones- contamina lo estratégico. Durán Barba ideó la polarización con el kirchnerismo como atajo para tapar el malestar con una economía que no termina de arrancar y en ese proceso se llevó puesta la posibilidad de concretar un pacto de gobernabilidad, que le otorgara a Macri el músculo político para encarar las reformas que está postergando.

Durán Barba se trenzó en esa negativa, con destacados miembros de la coalición gobernante como Gabriela Michetti, Federico Pinedo, Ernesto Sanz y de la oposición más racional, como Sergio Massa, Miguel Angel Pichetto y la mayoría de los gobernadores peronistas, que entienden que las elecciones de octubre no resolverán el dilema de fondo: Macri es el presidente de un gobierno en minoría que tiene que encarar acaso las reformas más profundas desde que asumió Carlos Menem.

Esto Macri lo tiene clarísimo y sabe que cuando le piden ajustar un déficit histórico, que si no se acomoda a mediano plazo derivará en otra crisis de deuda, le están pidiendo una reforma jubilatoria. Es en el gasto previsional donde se va el grueso del presupuesto.

Igual de inaccesible es -sin un acuerdo con la oposición-, concretar una reforma impositiva y laboral que vuelva más competitiva a la Argentina.

Pero claro, si lo que vende o se cree que trae votos es la polarización, armar el escenario de una concertación a la Moncloa es anti climático, por eso Durán Barba pone tanto énfasis en rechazarla. Y lo que vemos es tan sencillo como frustrante: No es que prevalece lo electoral por sobre los intereses del país, sino que se anula la posibilidad de debatir y acordar políticas de Estado. Creer que vamos a salir adelante sin dar ese paso, es volver a engañarse. Es caer una vez mas en la idea de gobiernos providenciales que todo lo solucionan, todo lo saben y todo lo pueden.

Es tan transparente que cuesta verlo: El encargado del marketing electoral, la pura táctica, sin programa, ni ideología, es quien ofrece el panorama global de hacia donde vamos. Ni los ministros, ni los dirigentes mas importantes de la Coalición, logran el peso irrefutable de las palabras de Durán Barba, a las que Macri siempre se termina plegando.

Pero cuidado, el problema no es el consultor. El drama es la atomización fractal del poder que ensaya Macri para concentrarlo en su decisión, unida a su desprecio bastante explícito por la discusión política profunda. Es esa combinación la que hipertrofia el rol del consultor, en el que se terceriza lo estratégico, que no es otra cosa que el corazón de la política.

Lo estratégico es importante porque trasciende y ordena en una determinada dirección. Durán Barba impuso al inicio del gobierno la vía del gradualismo y ahora a mitad del mandato, la polarización. Lo que vivimos, con sus luces y sombras, es el resultado de esa definición.

La pelea es por el centro

Lejos de perder atractivo, crece la búsqueda de un espacio entre Macri y Cristina. Sólo falta la síntesis.

El lugar común en la política sostiene por estos días que la sociedad está polarizada y la primer víctima de ese proceso es Sergio Massa en términos personales y la construcción de una opción de centro en el plano de las ideas.

Lo curioso es que al mismo tiempo que se describe ese estado de cosas, las nuevas expresiones políticas que surgen, buscan abrevar en ese centro despreciado: ¿Qué otra cosa es sino la oferta desde el peronismo de Florencio Randazzo y desde el radicalismo de Martín Lousteau?

Saltan a la vista las coincidencias entre estos tres políticos y algún que otro gobernador que tantea el mismo espacio, como Juan Manuel Urtubey, Alfredo Cornejo o Sergio Uñac. Para ponerlo en trazo grueso: Todos confluyen hacia un lugar idealmente ubicado un poco a la izquierda de Macri y bastante a la derecha de Cristina y su ideólogo programático, Axel Kicillof.

Esto sugiere que el problema no es de posicionamiento sino operativo. Lo que falta es la síntesis de un nuevo liderazgo que exprese esa opción de centro moderna, que incluya, pero también ofrezca un futuro sostenible. No es un secreto que recuperar el gran país de clase media culta y con niveles de vida europeos, sigue estando en el inconsciente colectivo de los argentinos, como el mejor destino posible.

El problema de la oposición no es tanto de posicionamiento programático sino operativo, lo que falta es la síntesis de un nuevo liderazgo que exprese esa opción de centro moderna, pero que incluya, que conecta con buena parte de la sociedad.

Macri lo captó cuando en una de sus pocas definiciones ideológicas dijo que se identificaba con el desarrollismo de Arturo Frondizi. El problema es que hasta ahora su Gobierno no está logrando que esa declamación sintonice bien con lo que ofrece. Hay algo de modernidad, pero también trasunta exclusión y sobre todo, falta de rumbo.

Es decir, parece bastante claro que Macri es un avance respecto al mal final del proceso kirchnerista, que se agotó en una fuga hacia un chavismo apenas moderado, que la mayoría terminó por rechazar. Pero más allá de las promesas de una recuperación que se demora, hay inconsistencias macroeconómicas que abren enormes interrogantes sobre la viabilidad de su proyecto, como opción de desarrollo inclusivo. Tiene a favor que persiste la expectativa. Hay algo de desilusión, pero no es una catástrofe al estilo De la Rúa y le queda margen para corregir y acertar.

El kirchnerismo, por supuesto, sigue siendo una opción política intensa, pero ya no de mayoría. Una prueba de ello es que las astillas de lo que fue ese 54%, confluyen hacia el centro. O sea, encuentran mas futuro en ese lugar que en la radicalización. Eso es parte del cambio profundo que empezó a transitar la Argentina en 2015 y que desborda el nombre del sello oficial.

Es tan evidente que el centro lejos de perder valor ha crecido como opción -que no es lo mismo que hoy esté representado-, que hasta el kirchnerismo con todas sus contradicciones intenta una moderación ¿Cómo explicar sino el enorme esfuerzo que hacen para aceptar, aunque sea de manera simulada, un diálogo horizontal con dirigentes que hasta hace no mucho tiempo despachaban con una orden?

Pero como siempre en ese mundo, el problema y la solución es Cristina. Si da un paso al costado -no sólo ahora, sino mucho más importante en el 2019- contribuirá a esa mutación. Ganaría prestigio y le daría a su sector expectativa de integración en un proyecto de mayorías. No hay que ser imaginativo para visualizar que pasaría si se aferra a la idea de volver. Claro que para un líder que ganó todo, lo más difícil es entender cuando llegó el momento de retirarse. Les pasa a los boxeadores y a los presidentes, suelen dejar el ring vapuleados. Miremos a Lagos.

El medio término

La elección de este año empezó a perder densidad. Primero, no va a ser sencillo llegar a un veredicto unánime sobre quien ganó. Como en la política italiana, es posible que en la noche del domingo todos encuentren razones para proclamarse triunfadores. Eso indica que aún como estación intermedia de posicionamiento, su utilidad será acotada.

Lo que está en el aire es otra cosa, es la búsqueda de un intérprete de ese centro hoy vacante. Massa es el que se propone de manera más explícita, pero no es cuestión de quien lo dice más alto. Macrón confirmó en Francia un proceso que hoy ofrece rastros similares en la Argentina: El debilitamiento de los partidos tradicionales configura un tablero volátil en el que como nunca, se vuelve crítico acertar en el blend de oferta programática, candidato y política, para quedarse con el centro ganador.

Bien mirado, el acceso de Macri al poder fue un recuerdo del futuro de Macrón. Ganó por un pelo con una oferta de centro liberal y un partido flamante. Pero claro, en el 2019 sobre el final de su mandato, no será fácil recrear esa magia si los resultados en la economía no acompañan en parte las expectativas creadas. Y ese es el bocado que huelen los tiburones, que hoy empiezan a amontonarse en el centro de todas las cosas.

Malvinas o el naufragio del marketing

La subestimación de la política generó otro error no forzado, como el abordaje de las tarifas.

Un rastro demasiado visible une el pantano del tarifazo con el tropiezo de Malvinas: La displicencia. Es ya un rasgo constitutivo del gobierno de Macri ese cancherismo de paño frío, que subestima la política desde una pretendida “simpleza”, que en rigor parece poco mas que la coartada del amateur

Los temas complejos suelen demandar abordajes complejos que contemplen las múltiples aristas. Es incómodo, es difícil y hay que ponerle cabeza. Pero chocar contra la pared para corregir, es un poco brutal como sistema de regulación.

Los errores además nunca son episodios aislados, sino que se encadenan con otros acontecimientos en una dinámica propia, que por eso los Gobiernos tratan de evitar como la peste. El fiasco de Malvinas, por ejemplo, además de su daño intrínseco, liquidó la espuma del Mini Davos y arrasó con el costoso seminario organizado por el Financial Times para vender a la Nueva Argentina.

Exponer una charla de pasillo con un mandatario extranjero y presentarlo como el inició de una negociación, es sólo un ejemplo -mas grave- de la misma displicencia que caracteriza a la administración Macri.

Fue además una polémica innecesaria, salvo que se acepte que la agenda de la canciller Susana Malcorra supera los intereses de la administración que integra. No es un secreto la extrema cercanía de esta funcionaria con el Departamento de Estado, lo que sorprende es la docilidad de Macri frente a una subordinada que casi sin cuidado le marca el paso en política internacional. Nada menos.

Revisar sin miramientos la política hacia Malvinas –uno de los pocos puntos en los que se puede hablar de un acuerdo que trasciende los partidos- y pensar que iba a ser gratuito o peor, que iba a pasar sin mayor escándalo por el simple y repetido recurso de ningunear el tema -“no exageren”, “no sean ansiosos”-, es casi una confesión de carencias propias, más que un ejercicio de astucia.

Exponer una apresurada charla de pasillo con un mandatario extranjero y encima, presentarlo como el inicio de una negociación formal, es sólo un ejemplo más grave de la misma displicencia.

El agujero del mate

El círculo de decisión del Gobierno puede seguir creyendo que inventó el agujero del mate y a nadie le cambia la vida esa convicción. Pero hace siglos que se sabe que la política o la hacés o te la hacen. No hay grises confortables, amigables o primorosos en los que recostarse, cuando se trata de conflictos. Sobre todo en política internacional.

Malcorra actuó como la profesional que es y se apresuró a desmentir sin miramientos al Presidente, acaso en un intento por anticiparse a una desmentida destemplada del Reino Unido, que de todas maneras llegó con puntualidad inglesa. En el camino, quedó la imagen de un presidente novato. Dicho de otra manera, creer que el ensayo y error es gratis, es como pretender que Alí salió indemne de los 14 rounds ante Frazier, porque ganó.

Con la misma fe, que alarma a Emilio Monzó, el Gobierno se encamina a las cruciales elecciones de medio término. Es la convicción de que la suerte favorece a los justos, cándidamente expresada por Hernán Iglesias Illa, cuando defendió el uso de la base de datos de la Anses porque era “para hacer el bien”.

Macri es como un Menem al revés: Discurso ortodoxo, combinado con política económica nestorista que cree en atrasar el tipo de cambio y empujar el consumo como palanca de reactivación.

Macri, ingeniero y más pragmático, hace la traducción macro de esa certeza y sostiene que la recuperación económica garantizará las elecciones. Son dos enfoques complementarios de la misma subestimación de la política. O si se quiere, el superyó del PRO aportando una solución “mágica” a lo que problematiza, parafraseando al Presidente.

Pero entre tanto ensayo y error el Gobierno acaso no esté percibiendo los desacoples del relato que a los ponchazos va construyendo. Macri ensaya una experiencia novedosa. Discurso ortodoxo, combinado con política económica nestorista que cree en atrasar el tipo de cambio y empujar el consumo como palanca de reactivación. Mismo déficit, inflación similar, el único cambio, reemplaza la emisión por el endeudamiento.

Es como un Menem al revés, que combinaba estética y estilo populista con programa económico neoliberal y en las buenas épocas le permitía sumar por arriba y por abajo. El experimento de Macri acaso pueda funcionar –se verá- pero abre el riesgo de generar rechazo en ambas puntas.

Sin embargo, Macri sabe que cuenta con una ventaja. El último cristinismo fue tan malo, tan irracional, que los mercados le tendrán una “paciencia estratégica” a su administración. Por lo menos hasta ver si gana en el 2017 y ahí sí, empieza a hacer el ajuste que viene esquivando. Y si el año que viene acaso la economía rebota un 3 por ciento y la inflación profundiza su camino descendente, Macri podría encontrar ese veranito que se hace desear. Salvo, claro, que la política recaiga en su maldita costumbre de meter la cola.

Una derrota que pone en discusión el sistema de decisión de Macri

El Gobierno perdió diez meses valiosísimos. No pudo anticipar ni acotar un resultado adverso.

El fallo de la Corte Suprema pone en entredicho mucho más que el plan fiscal del Gobierno. Arroja un gran interrogante sobre la solvencia de la mesa que define las iniciativas centrales del gobierno de Macri. Hasta esta mañana en la Casa Rosada desconocían aspectos medulares del pronunciamiento del máximo tribunal.

Esta ignorancia no se debía a un estoico espíritu republicano que los constreñía a mantenerse ajenos a la decisión de otro poder, sino todo lo contrario: La multiciplicidad de interlocutores, habilitados, institucionales, voluntaristas y lanzados, que Macri dejó operar sobre la Corte.

Una desprolijidad que se puede notar en cuatro caras que son cuatro métodos de aproximación distintos, que lejos de potenciarse en una estrategia común, generaron tanto ruido en la línea que la Casa Rosada terminó perdida en el laberinto que por acción y omisión terminó edificando.

Carrió, Angelici, Sanz y Garavano son las cuatro caras más visibles de la caótica y contradictoria operación del Gobierno sobre la Corte, que lejos de confluir en una estrategia común, terminaron edificando un laberinto.

Carrió amenazó al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, con denuncias tremendas sobre su supuesto enriquecimiento ilícito. La cara del castigo. Sanz ofreció el sutil acercamiento del amable componedor. Garavano se plantó en una posición institucional-académica digna de Suiza y Angelici ofreció el código siciliano de camaradería tóxica. Todo al mismo tiempo.

El fallo abre la puerta para una anulación total no sólo del tarifazo del gas sino de los incrementos ya ejecutados de luz y telefonía fija, al exigir audiencia pública para disponer cualquier aumento de un servicio público. Con el riesgo posible que industria y comercios hoy no exceptuados por al incremento del gas, reclamen el mismo beneficio que los residenciales, ya que se les aplicará el aumento sin las audiencias que exigió la Corte.

Es una derrota central para el programa económico de Macri que golpea en el plano fiscal, envía una mala señal a potenciales inversores y demora la normalización del área energética, como bien analizó Dante Sica.

Conocido el fallo las empresas de energía ya hablaban de la imperiosa necesidad de un salvataje del Gobierno. Las eléctricas que siguen con la tarifa suspendida advierten que en dos meses entran en quiebra y las gasíferas, como anticipó LPO, planean pedirle créditos subsidiados al Banco Nación.

Pero el lado más nocivo del fallo es que deja en evidencia la mala planificación del Gobierno de una medida que el kirchnerismo tomó, de manera mucho más acotada, en dos ocasiones -2004 y 2014-, sin que la Corte se sintiera agraviada por la ausencia de audiencias públicas ¿Qué falló esta vez?

No se midió el impacto político y social del tarifazo y una vez en conflicto, se avanzó en una estrategia de “todo o nada”, una idea que por cierto es la antítesis de la política y muy contradictoria con un Gobierno que se propone como un regreso a la “normalidad” luego del confrontacionismo de Cristina.

El radical Mario Negri, como si conociera el fallo, un día antes había reclamado a Macri que se olvidara de la Corte y resolviera el tema políticamente. La sugerencia no es superficial: El Gobierno resignó autoridad al sacarse de encima el problema; apostando a tercerizar los costos de una medida impopular. La Corte le devolvió la gentileza y aprovechó para hacer un poco de populismo y quedar bien con los afectados por el incremento.

O sea, pasaron diez meses y el Gobierno está donde empezó. Un cuarto del mandato de Macri concluye sin que esté resuelto un requisito básico de normalización de la macro, un poco por ingenuidad y otro poco por cierta displicencia, que empieza a ser un lugar común en todos los errores no forzados que la actual administración comete.

Gracias a una gestión de la APD el Senado aprobó la incorporación de los portales en la ley de Pymes periodísticas

El Senado aprobó esta tarde en un plenario de comisiones la inclusión de los portales de noticias en la ley de Pymes periodísticas. El plenario de las comisiones de Presupuesto y Medios de Comunicación fue encabezado por sus titulares, Juan Manuel Abal Medina y Liliana Fellner y contó con la participación de los directivos de la Asociación de Periodismo Digital (APD), impulsora de la iniciativa.

La reunión, realizada en un colmado Salón Illia, contó además en la mesa principal con la presencia del vicepresidente de la comisión de Hacienda, el senador Julio Cobos, que también respaldó la iniciativa. En el inicio de las deliberaciones habló el presidente de la APD y director de La Política Online, Ignacio Fidanza, quien destacó que “es fundamental que se apruebe el proyecto y se repare esta omisión, porque absolutamente todos los portales de noticias de la Argentina son Pymes y es absurdo que estén excluidos del beneficio tributario”.

Hoy los portales de noticias pagan un IVA del 21%, mientras que los diarios comprendidos en la ley de Pymes periodísticas, tienen una tasa diferenciada que va del 2,5% al 10%, según su nivel de facturación.

Hoy, los medios digitales deben pagar 21% de IVA, cuando la ley sancionada en 2014 que beneficia a los diarios de papel, establece que las Pymes periodísticas paguen del 2.5% al 10%, según su facturación. Los portales de internet, hasta que surgió la decisión de crear la APD, fueron históricamente marginados de todos los beneficios y ayudas que se dieron al sistema de medios.

En ese sentido, Fidanza destacó en su discurso que la ley es “fundacional” para la APD porque es el primer reconocimiento institucional que recibe, paradójicamente, el sector más dinámico y de mayor crecimiento de los medios. “Esta decisión es un enorme aliciente para nosotros que hasta hace no mucho tiempo teníamos que escuchar que grandes medios hablaran de si mismos como “periodismo de calidad”, en contraposición a los portales. Hoy la realidad se encargó de resolver ese debate y vemos que hasta diarios centenarios como La Nueva Provincia, abandonan el papel y se convierten en portales. Hay periodismo bueno y malo en el papel y el mundo digital”, agregó Fidanza.

El presidente de la APD celebró que se hayan sumado a la reunión miembros de Adepa y evaluó que en el futuro ambas asociaciones podrían coincidir en acciones, como el reclamo al Gobierno por los recursos que gasta en Facebook y Google, como trascendió hoy, en detrimento de los medios nacionales que producen contenido local. “Nuestro sector sufre una doble discriminación, del total de la pauta oficial, el Gobierno sólo destina a la web el 4,3% y de ese ínfimo recurso el 70% lo gasta en Facebook y Google”, señaló.

Marino, Mainhard, Eiras, Abal Medina, Fidanza, Fellner y Brizuela, luego de la aprobación del dictamen.

Luego fue el turno del vicepresidente y secretario de la entidad, Enrique Eiras de MDZ Online, quien difundió una pormenorizada exposición de “datos duros” del sector acompañados de un PowerPoint (ver adjunto).

Eiras mencionó que 3.4 billones de usuarios a nivel mundial se conectan a Internet y que Argentina lidera en la región con un uso que alcanza al 80% de la población. “Este es un fenómeno de penetración que ya lo vimos cuando desembarcaron en el país los cables”, señaló el vicepresidente de la ADP y destacó que la tendencia muestra que “los jóvenes prefieren informarse mediante páginas web y no mediante gráfica o televisión”.

También señaló el ejecutivo de MDZ que la tendencia mundial revela un consumo creciente de medios de información en línea a través de teléfonos celulares, en detrimento de las computadoras de escritorio o las tablets.

La participación de la APD la cerró el secretario de la asociación, Carlos Marino de Letra P, quien afirmó: “Venimos en representación de empresas periodísticas. Es muy importante entender que Google, Facebook y Twitter no son medios de comunicación, son plataformas donde circula la información que otros producen”.

“En Internet, el debate no es sólo por la alícuota tributaria, sino por comprender cómo funcionan las empresas de periodismo digital. Es el momento de tomar a los portales de Internet como empresas culturales, que son pilares de la cultura democrática, que generan trabajo y garantizan la diversidad de voces en todo el país”, agregó Marino y señaló que “el desafío es generar las condiciones para que estas empresas se desarrollen y puedan seguir creciendo, como así también pensar los mecanismos para garantizar la libertad de expresión”.

La modificación de la ley ya cuenta con media sanción de Diputados y se espera que en las próximas semanas el Senado la apruebe en el recinto, con lo que pasaría a convertirse en ley.