Los inversores miran a la Argentina de Macri con mayor realismo

El director de LPO, Ignacio Fidanza, se reunió con una decena de fondos interesados en invertir en la Argentina.

La Política Online fue invitada a dar su visión sobre el actual proceso político de la Argentina, en una charla con una decena de fondos de inversión interesados en invertir en el país, organizada por el equipo que lidera Guillermo Mondino, jefe del área de mercados emergentes y estrategia del Citibank.

La conferencia organizada esta lluviosa mañana en el piso 14 de la sede corporativa del Citibank en la calle 53 en pleno Midtown de Manhattan, contó con la presencia de ejecutivos de importantes fondos de inversión como Lazard, Pharo, AB Global, Fintech, BNAM, Fir Tree y MSAM, entre otros.

Los ejecutivos se mostraron muy interesados en conocer las posibilidades de éxito de la transformación económica que intenta llevar adelante el gobierno de Macri y sus principales desafíos políticos.

A diferencia del entusiasmo inicial que embargó al mundo de los negocios tras el triunfo de Macri, ahora prevalece un apoyo mucho más realista e informado, que trata de medir con mayor precisión los límites de la estrategia de ajuste gradualista que lleva adelante el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay.

La posibilidad real de Macri de reelegir y las chances de un regreso del populismo de la mano de Cristina Kirchner es otra inquietud central ya que eventuales decisiones de inversión, necesitan saber con que horizonte temporal contarán.

El apoyo al giro que Macri le imprimió a la Argentina se percibe tanto como la cautela. Otro tema central es la evolución del acuerdo con los holdouts que entró en zona de turbulencias por el lado menos esperado: La beligerancia de los fondos liderados por Paul Singer en la Cámara de Apelaciones de Nueva York.

En el mundo de las finanzas de Nueva York se valora el apoyo que la administración de Barack Obama brindó al gobierno argentino en el juzgado de Thomas Griesa, que si bien no es la primera vez que lo hace, nunca fue tan contundente. Coincide además con la actual voluntad del magistrado de terminar con el pleito.

Sin embargo, crece la sensación de que hay algo del acuerdo anunciado que se desconoce, que está motivando la agresividad de los holdouts. El principal temor es que si no se logra llegar a la fecha de pago del 14 de abril, el acuerdo se de por caído, lo que implicaría un severo daño político al Gobierno y una revitalización de los argumentos de Cristina Kirchner y Axel Kicillof.

En ese sentido, no se descarta que acaso los fondos liderados por Singer estén tensando la cuerda con la idea que si este acuerdo se cae se podrá alcanzar otro, acaso con mejores condiciones.

Macri, llegó la hora de cambiar

La impresionante movilización sindical confirma que terminó la luna de miel. Crisis interna y necesidad de cambio.

El presidente Macri suele proclamar que a diferencia de otros líderes que llegaron al poder y se sintieron infalibles, él es un hombre dispuesto a cambiar si comprueba que está equivocado. Bueno, está frente a una oportunidad dorada para confirmar esa predisposición.

La respuesta política del Gobierno al desafío sindical fue, siendo generoso, un desastre. Los jefes de las cinco centrales sindicales hicieron dos reuniones -no una sino dos- en el Congreso anunciando su molestia. Es decir, dieron vuelta el reloj de arena y se sentaron a esperar un llamado que nunca llegó. Lo que se vio hoy fue la respuesta a ese destrato.

Ser Gobierno permite disfrutar de casi todos los lujos, menos de la distracción.

La administración de Macri ya había expuesto un problema serio de comunicación, ahora dejó en evidencia su déficit político. Pero bien mirado son dos reflejos del mismo rasgo: La pulsión por ningunear lo que no se controla, no se conoce y molesta entender. O sea, lo contrario del diálogo declamado. Porque hablar con los que piensan como uno puede ser cómodo, pero está muy lejos de una auténtica conversación política.

Ninguneo, cancherismo, chicaneo, rastros de una conducta defensiva que no está siendo funcional al inmenso desafío de ordenar la economía y volver crecer.

Ninguneo, cancherismo, chicaneo, rastros de una conducta defensiva que no está siendo funcional al enorme desafío que representa ordenar la macroeconomía y volver a poner al país en un proceso de crecimiento.

Con un poquito menos de soberbia se podría percibir que encarar un proceso de ajuste siendo minoría, exige la colaboración de los sindicatos y el peronismo. Sin ellos, aunque sea como socios silenciosos, es imposible. Los dos tercios que obtuvo el proyecto antidespidos en el Senado, son la prueba más fehaciente.

Macri tiene que expandir su base de sustentación política, compartir poder y consensuar decisiones. No porque es bueno o deseable, sino porque no tiene alternativa. Senado, sindicatos y gobernadores son mayoritariamente peronistas, y el fastidio no va a cambiar esa realidad. Se trata de un entramado que Facebook no puede solucionar, por más millones que se depositen en sus cuentas panameñas –y no es una chicana, apenas un dato-.

Lo notable es que todos esos actores se pasan los días enviándole señales de acuerdo al Presidente. Hoy mismo en el acto, los líderes sindicales se cuidaron de aclarar que no era una movilización contra el Gobierno y que sólo pedían ser “escuchados”. Antes, el propio Pichetto se cansó de pasarse meses con su “Pacto del Bicentenario” bajo el brazo.

Es interesante ese caso para ver todo lo que no funciona en el Gobierno. Gabriela Michetti le explicó a Macri que la idea de negociar ley por ley se estaba volviendo insostenible porque alimentaba una voracidad insaciable. En esta columna se anticipó sobre el riesgo al saqueo vikingo que encerraba esa lógica. La vicepresidenta la propuso entonces a su jefe político, aprovechar la propuesta de Pichetto para institucionalizar un acuerdo político amplio, con una serie de leyes a sancionar y de paso meter en ese paquete los dos jueces de la Corte.

La propuesta interesó a Macri, pero se estrelló contra la pared del jefe de Gabinete, Marcos Peña, preocupado por “la foto” de un toma y daca con los senadores peronistas. No es que parece una contradicción, son contradicciones. Y eso es lo que está estallando. Como en muchos temas sensibles –medios, justicia, sindicatos, oposición- Macri no tiene definiciones de fondo y suele perderse en lo táctico inmediato, que como es lógico con lo táctico, se contradice.

Estamos entonces ante la primer crisis política seria del gobierno de Macri, que lejos de arreglarse con amenazas de veto, podría empezar a despejarse –y muy rápido-, si se entiende que el agujero del mate ya fue descubierto y las genialidades de campaña sirven hasta que se gana la elección. Después, se trata de gobernar, que es algo distinto.

Mani Pulite: Macri danza con el Diablo

El presidente ingresa en un proceso de consecuencias impredecibles, en medio de un ajuste económico

No tiene importancia asignar porcentajes a los factores que detonaron el incipiente proceso de Mani Pulite que vive la Argentina. ¿Fue una maniobra alentada por la Presidencia para tapar el caso de los Panamá Papers? ¿La sobreactuación en defensa propia de jueces corruptos, que durante años pisaron las causas que ahora aceleran? ¿Una respuesta al prístino republicanismo que se apoderó de Macri y el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti?

Son todas preguntas menos interesantes que indagar sobre la evolución posible del proceso iniciado. La Argentina de Macri está ingresando en el nudo más complejo – e irresuelto- de la teoría política: ¿Cómo construir un sistema de justicia independiente del poder, que en el camino no derribe la estantería?

Es un debate que tiene además el atractivo de plantear preguntas muy incorrectas para almas simples y bienintencionadas: Los malos, los que roban, los que abusan, tienen que ir presos y sólo con eso ya tenemos un mundo mejor. El problema es que el Diablo está en los detalles: ¿Qué es robar? ¿Un sobreprecio en la obra pública?: Por supuesto. ¿Un sofisticado derivado financiero que metió a la economía global en una de las crisis más graves de la historia, destruyendo el futuro de millones de vidas? No está claro.

Macri está ingresando en el nudo más complejo – e irresuelto- de la teoría política: ¿Cómo construir un sistema de justicia independiente del poder, que en el camino no derribe la estantería?

La revista The Economist, una publicación que simboliza los ideales republicanos y libremercadistas de Occidente, acaba de plantearse en su última edición algunos de estos interrogantes. Tomando el caso de Brasil, advierte que la caída de Dilma puede envenenar la política brasileña durante años, así como llevado a sus extremos, el proceso abierto por el juez Sergio Moro requiere no sólo el procesamiento de Dilma y su vice, sino de prácticamente todo el Congreso. La pregunta es obvia: ¿En donde se apoya entonces el sistema para superar la crisis? Una nueva elección. Perfecto, pero la historia reciente advierte que los vacíos de poder, el hastío generalizado, son el escenario propicio para que surjan los Berlusconi, los Trump, los Kirchner, los Chávez, que se quedan con todo. ¿O ya nos olvidamos que Kirchner y Chávez fueron la aclamada renovación que surgió tras la implosión de los sistemas políticos de Venezuela y Argentina?

Leones con piel de oveja a los que habrá que aplicar un nuevo Mani Pulite y así la historia se vuelve circular.

Mal momento para improvisar

Macri debería repasar con muchísima atención la experiencia de Fernando de la Rúa. La amnesia es un deporte nacional, pero no le está permitido al Presidente.

Lo único que no puede hacer el Presidente ante una situación tan delicada como la que se despliega en estos momentos, es dejarse arrastrar por los acontecimientos. Las frases hechas sobre la independencia judicial –que es bueno recordar se trata de un ideal extremo que la política, por suerte, viene problematizando hace siglos para evitar la tiranía de los jueces-, son buenas para decir a los columnistas de los domingos, pero no sirven como programa para un Gobierno que deberá lidiar con las consecuencias reales del proceso.

Es por eso que el gobierno de Macri dice una cosa, pero mantiene en operaciones a Daniel Angelici. El problema no es Angelici, el problema son las contradicciones. Por eso miremos De la Rúa, no como comparación sino como aprendizaje.

Macri debería repasar con muchísima atención la experiencia de De la Rúa. Hoy como entonces, aparece un ala que impone al gobierno la agenda de la lucha contra la corrupción como eje, cuando el Presidente está abocado a resolver el descalabro macroeconómico.

Ahora como entonces, tenemos un ala de la coalición del oficialismo que viene con una agenda de lucha contra la corrupción como eje central, una idea ajena a Macri, que está centrado en el reordenamiento económico y que la Argentina vuelva a crecer, un anhelo mayoritario por otro lado. Ahí está Brasil para recordarnos que las crisis políticas no son neutras: El año pasado su economía tuvo una histórica contracción del 4 por ciento que podría repetirse este año.

Como sea, el honestismo como idea política es la posición que visibiliza Lilita Carrió, pero que la excede y que incluye a factores de poder real –esos que se fortalecen con un sistema político débil- y tal vez algún interés geoestratégico. ¿Está equivocada entonces Carrió? No. La corrupción es una lacra muy extendida en la Argentina, que ha lastrado buena parte de los procesos mejor encaminados de nuestra historia. No hay respuestas fáciles para la situación actual.

Por eso, Macri puede hacer casi todo menos una cosa: No tener una idea clara sobre como se entra y como se sale de este proceso. Hoy lo que se ve, como entonces, son contradicciones. Entre un ala que agita el Mani Pulite y otra que busca atemperarlo. Pero sin coordinación. Esto envía mensajes confusos a la política, que puede ingresar en un peligroso círculo de paranoia y vale todo.

Estamos en la puerta de una situación estilo tiroteo en la cantina, donde todos les tiran a todos y al final sólo se salva el cantinero. ¿Quién será el próximo cantinero?

El tema da para mucho más que una columna y se podría analizar porqué, por ejemplo, las mismas potencias que nos alientan a ser implacables con la corrupción, protegen a sus ex presidentes hasta con indultos, como ocurrió en el caso de Nixon.

Macri tiene hoy un margen de maniobra macroeconómica más holgado que De la Rúa. Pero tampoco le sobra mucho. La opción que plantean algunos destacados analistas es pertinente pero no es en rigor una opción: ¿Cuánto conflicto puede tolerar la sociedad para terminar con la impunidad? ¿Impunidad o despelote?, se pregunta Marcos Novaro en La Nación.

Visto desde la Presidencia la respuesta es obvia: El único lujo que no puede permitirse un Gobierno es el caos. De hecho atenta contra su propia denominación. Pero el mérito de Novaro es que su pregunta lleva a otra más pertinente: ¿Cómo se reduce la corrupción en países tan corruptos como la Argentina, donde permea todos los estamentos, sin llevarse puesto el sistema?

Esa es una buena pregunta para Macri.